CuboRelatos

Wednesday, November 14, 2007

Manual para vivir

-¿Has oído hablar del manual para vivir?
Gregory le miró intrigado. Héctor lo había soltado tras una pequeña pausa en la conversación y lo pilló completamente desprevenido.
-¿Manual para vivir? ¿Un libro que dice cómo vivir, o a qué te refieres?
-Es una historia que escuché una vez en Turquía.
Héctor dejó de hablar y se quedó pensativo. Gregory lo instó a hablar.
-Vamos, cuéntala. Lo estás deseando.
-Está bien, ahí va. Al parecer, hace muchos siglos... Muchos milenios, más bien... En los albores de la humanidad, había una mujer llamada Bedisa.
-Bedisa...- repitió Gregory tras la pequeña pausa que se tomó Héctor.- ¿Estaba buena?- bromeó.
-Bueno, las historias no hablan de su aspecto...- dijo divertido Héctor.- Y aún así, la mayoría de las historias se refieren a ella como una anciana- continúo, ignorando el tono bromista en que su amigo había hecho la pregunta-. Fuere como fuere, Bedisa tenía un don. Mucha gente iba a su casa, una pequeña casa en un humilde pueblo, para preguntar por su futuro.
-Ahí es donde la historia deja de tener sentido- le interrumpió Gregory, una vez más en tono de broma-: si a tí vinieran a ver mucha gente esperando algo de tí, no vivirías en "una pequeña casa en un humilde pueblo".
-¿Quieres dejarme terminar?- se quejó Héctor.
-Está bien, está bien- respondió Gregory levantando las manos intentando relajar a su compañero.
-El caso es que este don lo tuvo Bedisa desde muy joven, y pasó toda su vida escribiendo un libro. Un libro en el que dicen que contiene el sentido de la vida, que la gente que conoce la leyenda ha titulado el "manual para vivir".
-Una historia curiosa, pero absurda.
-¿De verdad piensas que es absurda?
Héctor se levantó y abrió el cajón de su escritorio, sacando un libro no demasiado gordo, de páginas un poco más grandes que un folio normal. Se notaba que era un libro antiguo aunque se conservaba muy bien, en la portada habían unos símbolos que no pertenecían a ningún idioma conocido. Se lo ofreció a Gregory.
-¿Qué es...?
-Échale un vistazo- le dijo.
Gregory lo abrió. Las hojas estaban en blanco todas (si podías llamar blanco al color amarillento en que estaban todas).
-¿Qué se supone qué es ésto? No dice nada...
-Mira la última página- respondió Héctor.
Héctor hizo caso y vió que en la última página habían otros pocos símbolos parecidos a los de la portada. En realidad ninguno de los símbolos coincidía, pero tenían el aspecto de pertenecer a la misma escritura.
-¿Qué dice aquí?
-Tras escuchar esa historia- empezó a decir Héctor como ignorándole-, me entró la curiosidad y me informé. Al parecer, Bedisa es el elemento central de la mitología a la que pertenece, que al final he decidido bautizar "mitología bedisana". La mayoría de la gente lo consideraba solo una serie de cuentos para contar a los niños, pero muchos creían de verdad que Bedisa había existido. Ésto me hizo llegar hasta una aldea a la que supuestamente pertenecían los descendientes de la aldea de Bedisa. Ellos me enseñaron muchas cosas, me enseñaron su idioma, me enseñaron sus costumbres...
-Y, entonces, ¿me vas a decir lo que dice?
-Bueno... El caso es que cuando lo leí... Conocía su idioma, pero no su escritura, ellos tras mucho insistir me dieron el libro y me avisaron que nadie lo ha leído nunca, sólo Bedisa sabía su contenido, ya que ella advirtió que nadie lo leyera, ya que el ser humano no estaba preparado para conocer su contenido.
Medio por bromear, medio por temor real, Gregory dejó el libro sobre la mesa con cuidado.
-¿Y qué hiciste? ¿Lo robaste?
-No, me lo dieron. El jefe de la tribu no esperaba que yo aprendiera a leer su idioma, ni nadie fuera de la tribu, así que me dió el libro para evitar que nadie de la tribu nunca tuviera la tentación de leerlo, y así el libro se perdería.
-Resumiendo, que no sabes lo que dice...
-Pero conocí a una chica de la tribu, una preciosidad llamada Yonca. Tuvimos... algo... Estuvimos juntos unos meses, y conseguí que ella me enseñara a leer su idioma. Sin embargo, cuando descubrió para qué quería saberlo, empezó a temerme, y me suplicó que nunca leyera el libro. Tendrías que haberle visto la cara...- Héctor suspiró y cerró los ojos unos instantes. Luego los volvió a abrir y añadió:- A partir de ese día y durante estos tres años he dudado si abrir ese libro y leerlo.
-¿Y por qué me cuentas todo ésto?
-Porque creo que es hora de leerlo, y tengo miedo de leerlo estando sólo.
Gregory tragó saliva.
-Dame el libro.
Gregory se lo entregó lentamente. Héctor lo cogió como si pesara una tonelada. Estaba temblando y las gotas de sudor le recorrían la cara.
-Por si te lo preguntas, en la portada dice "Manual para vivir". Tal como decía la leyenda.
Gregory le miró expectante y temeroso. Héctor abrió el libro por la primera página y lo miró aún temeroso. Cerró los ojos y susurró para sí mismo:
-Allá voy.
Con un impulso cerró el libro por la contraportada para volver a abrirlo al revés y quedarse enfrente a la única página escrita del libro. Gregory le observó y vió como su cara pasó del miedo al absoluto terror.
-¿Qué dice?
Héctor cerró el libro con un golpe sordo y se levantó cerrando los ojos mientras no podía contener las lágrimas que empezaron a caer por su cara.
-¿¡Qué cojones dice!?- exclamó Gregory asustado.
Héctor se dió la vuelta y sin vacilar fue caminando hasta la ventana para abrirla. Allí, se asomó como para coger aire... y se dejó caer desde el undécimo piso en el que estaban. Gregory se asomó asustado y miró hacia el suelo, lo vió en medio de la carretera en medio de un charco de sangre. El tráfico empezó a acumularse y la gente empezó a acercarse asustada, y fue cuando Gregory se dió cuenta y llamó a la policía para avisar de lo ocurrido.
Pero antes de marcar el número no pudo hacer otra cosa que volver a echarle un vistazo al libro y preguntarse qué habría leído Héctor que le llevó a hacer tal cosa.